¡Te pudrirás en las sombras!- el carcelero lo miró con desprecio, y empezó a colocar la piedra- "Profeta"
¡Vuestro Dios es de castigo, mi Dios es de compasión!- dijo el joven, eso no cambiaría nada, lo sabía.
La oscuridad llenaba el lugar, eso no era bueno, un profeta no debería ser callado.
El joven no recordaba en que momento durante el mensaje habían caído sus conversos,no recordaba haber sido advertido por su Dios, el verdadero Dios; que se había decidido por mostrar la verdad, tras muchas generaciones de haber sido tergiversado por los hijos de su pueblo amado.
Cinco años atrás una galera habia partido de Daharis, el hijo bastardo del príncipe dentro de ella;
un joven de pelo rojizo y de expresión dura pero profunda, entregado a la bebida y a las mujeres
Aquel mismo día una inesperada tormenta mató a todos los tripulantes, la galera se hundió y nadie
supo nada más de aquel joven prepotente, y odiado por su pueblo.
Todos habían muerto, el también; pero había renacido, desde las entrañas de la tierra, despúes de ser tragado por el mar, por ese oscuro e indominable mar.
*No soy digno; déjame morir*; se quejó
*NADIE ES DIGNO, MENOS LOS QUE CREEN QUE LO SON*;
El joven enrumbó hacia a las montañas, nadie lo vió salir de la tierra.
Dos años más tarde todos conocían al profeta, "No me llamen así- decía- solo soy un intermediario"
Iba por todo el sur de Fores predicando los errores en los que habían caído los guardianes de la fé.
"¡Dios no castiga como decís; no es rencoroso; nuestro Dios perdona, nuestro Dios nos quiere felices!-decía-Volvamos a la verdad, os tienen cegados vuestros malditos monjes."
El tercer año despúes de su renacimiento, el joven había entrado en su ciudad natal, en su espléndida Daharis; nadie lo reconoció; frente a un espejo él mismo no se reconocía, habia cambiado, para bien.
Un séquito lo seguía, se habían unido a él, en cada pueblo que había recorrido, y a su causa,
a su Dios; a él lo llamaban Gael, el despierto, por haber abierto los ojos en un mundo de mentiras.
Ellos habían presenciado el poder del Dios de amor, de "Luz"; cientos de veces había saciado el hambre en los más miseros pueblos, y muchas veces, todo a través de Gael, habia devuelto la vida a los hijos muertos de los habitantes de Fores; efectivamente era un Dios de armonía, y de los niños.
Pero el rey de Daharis, *El mentiroso, vil y traicionero consejero de mi padre, quién lo asesinó mientras dormía al mes de haber recibido la corona* ; no había visto nada, y al presenciar una muestra del poder de "Luz" frente a su trono, ordenó que detuvierán a Gael; *En ese entonces "Luz" estaba a mi lado y me protegió; los guardias cayerón muertos al acercarsemé y escape ileso, pero empezó la persecución*.
Cinco años habían pasado hasta aquella mañana, una hoja fría de metal se posó en su garganta
"Los Dioses no son amor, un Dios de amor no es un verdadero Dios. Ahora, ¿dónde está tu Dios? "Profeta"-la última palabra la escupió, a diferencia de los creyentes que la decían con... ¿veneración? *QUE NO DEBES BUSCAR*; "Luz" se lo repetía siempre.
"Parece que no contigo-había respondido *Este hombre está podrido hasta los huesos*;"
"No serás tan insolente con la cabeza lejos de los hombros- la voz ahora era burlesca"
¿Tú eres el que llaman profeta?- un hombre le estaba hablando, lo sacó bruscamente de sus recuerdos, *¿Que debó responder?*
Así me llaman, pero solo soy un servidor-respondió de forma tranquila
El hombre sacó algo de su bolsillo y de pronto cayó muerto, le salía sangre por los ojos y en la mano tenía un cuchillo, *Me iba a asesinar* El profeta observaba el cuerpo, solo podía significar la intervención del bondadoso Dios. *Me salvaste Señor, lamento haber dudado*;
*GIRA A TU DERECHA*; era su voz, pero había algo distinto; Gael obedeció.
Dos niños parados frente a Gael, tenían algo antinatural en la mirada, era vacía; y estabas heridos.
*Debo ayudar a los amados*; El profeta acercó su mano a las heridas del más pequeño, iba sanandolas, eran los niños de su Dios de amor; entonces su mano se transformó, Gael tuvó miedo, algo iba mal.
*MÁTALOS*; escuchó; el profeta dudó, su Dios no le pediría eso, pero debía obediencia, cerró los ojos, la zarpa se alzó.
¡Muevan esa maldita piedra rápido!- la piedra no estaba, pero sus dos guardias estaban muy quietos, vacíos-Oh, por todas las sombras- la caverna era un revoltijo de entrañas, y el profeta no estaba ahí *De De Debo alertar al rey*; algo estaba entrando en él, algo sin cuerpo, algo frío....
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